Mi historia

¿Por qué estudié derecho?

La justicia no fue para mí un tema de libros. Fue, primero, una herida; y después, un propósito.

Hay decisiones de vida que no nacen de un plan, sino de una pregunta que no nos deja en paz. La mía empezó cuando era apenas un adolescente y vi, de cerca, lo que se siente cuando la ley parece darle la espalda a quien más la necesita.

Crecí en Monterrey, en una familia trabajadora. Cuando tenía trece años perdí a mi padre, y poco después mi familia se topó con una pared que yo no entendía: a mi madre, que acababa de quedar sola con sus hijos, se le negó una pensión a la que creíamos tener derecho. La explicación venía envuelta en tecnicismos jurídicos. Para nosotros, simplemente significaba que la ley, en ese momento, no nos veía.

Recuerdo la tristeza y el coraje de mi madre. Y recuerdo mi propia confusión: sabía que existían leyes, pero no podía aceptar que fueran justas si dejaban desprotegida a una mujer que lo había dado todo por su familia. Años más tarde, los criterios de nuestros tribunales cambiarían para proteger casos como el suyo. Pero ese cambio tardó más de una década en llegar. Demasiado tarde para nosotros. Esa espera me enseñó algo que nunca olvidé: detrás de cada expediente hay una persona esperando, y el tiempo de la justicia también es justicia.

"Detrás de cada expediente hay una persona esperando. El tiempo de la justicia también es justicia."

Mi madre salió adelante sin esa pensión y nos dio educación. Estudié una carrera técnica en contabilidad en una preparatoria de una zona de bajos recursos, porque era lo que estaba a nuestro alcance. Pensé que iba a ser contador. Pero entre aquellas materias había unas cuantas de derecho, y al leerlas algo encajó: yo no quería llevar las cuentas de las cosas. Quería entender las reglas, cuestionarlas y, cuando hiciera falta, defender a quien quedaba del lado débil de ellas.

De la herida a la vocación

Entré a la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y ahí encontré mi causa: la defensa de los derechos humanos. Representé a mi Facultad en concursos nacionales y me especialicé en derecho administrativo, fascinado por entender cómo funciona realmente el Estado y de dónde nace el poder que afecta la vida de la gente.

Hice mi servicio social en el Tribunal de Justicia Administrativa del Estado de Nuevo León, donde aprendí cómo se construye una sentencia desde adentro. Esa experiencia me llevó a formar parte de la primera generación de escribientes de la nueva Sala especializada en responsabilidades administrativas, y de ahí a la Contraloría del Estado, como autoridad investigadora dentro del sistema anticorrupción. En paralelo, estudié una Maestría en Derecho con orientación en Derecho Procesal Constitucional, movido por mi interés en el juicio de amparo y los medios de control constitucional. Más adelante encabecé el Órgano Interno de Control de un municipio, donde aprendí a dirigir y a aplicar lo estudiado en la realidad.

Pero mi camino siempre volvía al mismo lugar. Decidí regresar a ejercer como abogado postulante en juicios de amparo, contenciosos administrativos y penales, defendiendo tanto a autoridades como, sobre todo, a ciudadanos que llegaban buscando lo mismo que mi familia buscó alguna vez: que alguien hiciera valer sus derechos.

Lo que me mueve hoy

Después de todos estos años, mi motivación sigue siendo la misma de aquel adolescente, solo que ahora tengo las herramientas para hacer algo al respecto. Conozco de primera mano lo que se siente estar del otro lado de la ventanilla, esperando que alguien haga valer tus derechos. Y esa experiencia es la que guía cada caso que tomo, cada clase que doy y cada contenido que comparto.

Lo que me mueve es que el fondo de los asuntos no se pierda por cuestiones de forma; que la justicia no se sienta lejana, lenta ni reservada a unos cuantos; y devolverle a mi comunidad, en forma de conocimiento y de servicio, lo que mis padres, mis maestros y mi entorno me dieron. Quiero que nadie tenga que sentir, como lo sintió mi familia, que en este país no hay justicia para ellos.

"Estudié derecho para que nadie se sienta, como nos sentimos nosotros, invisible ante la ley."

Esa es, en pocas palabras, la respuesta a por qué estudié derecho. No lo elegí por prestigio ni por costumbre. Lo elegí porque alguna vez sentí en carne propia lo que significa quedar desprotegido, y decidí dedicar mi vida a que otros no tuvieran que sentirlo solos.

Gracias por leer mi historia

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